Son las 17.58. A seguir con lo que ha sucedido durante hoy.
Tras pasar aproximadamente una hora de entretenimiento inesperado, nos fuimos al DPM. Había que aprovechar las tropecientas fichas que habíamos comprado y además no habíamos montado de día. Así que nos montamos, y fuimos hacia el distrito financiero de la ciudad, ya que queríamos subir a la torre de General Motors. A medida que nos acercábamos, la torre se hacía mayor y mayor.
Y finalmente llegamos. Como curiosidad (y para abultar más) pongo una foto tomada desde la estación de DPM de la Torre GM (básicamente muy parecida a las de ayer por la noche, pero de día):
Tras hacer el paripé haciendo fotos del DPM (están en Facebook, no es necesario ir poniendo aquí absolutamente todas las fotos que saqué - aunque casi todas sí juas), entramos a la torre. Es interesante notar que se puede acceder a la torre desde la plataforma del DPM sin salir a la calle.
El interior de la torre consiste en un centro comercial en el que, por razones varias, los afroamericanos son minoría (curioso teniendo en cuenta que la abrumadora mayoría de los habitantes del centro de la ciudad son afroamericanos). El diseño circular en torno a una torre central nos hizo a Lucía y a mí acordarnos de
Coruscant, de Star Wars, ¿quizás porque el diseño se asemejaba muy ligeramente al del
senado galáctico?
Y muy moderno todo. Lleno de pasarelas chulas y techos y paredes de cristal.
Claro, después de pasear Lucía y yo teníamos en mente dos cosas: 1. Subir arriba para ver las vistas de Detroit y 2. Tomarnos algo en el Starbucks sólo por sentarnos en una de esas salitas-tubérculo que tienen asientos.
Así que fuimos al centro de la torre, y nos montamos en el ascensor. Teóricamente, en el piso más alto está un restaurante desde el que hay unas vistas espectaculares y en el cual no te cobran sólo por subir, así que mola: es una atracción gratis. Sin embargo, parece ser que el restaurante estaba cerrado y no abriría hasta por la noche (por mucho que apretáramos el botón, el ascensor no subía), así que tuvimos que conformarnos con subir al penúltimo piso.
¿Y cuál es el problema? Que la torrecita de 72 pisos tiene 71 de hotel. Hotel con habitaciones que sin duda tienen unas vistas geniales, pero que no son accesibles al público. Vaya por Dios. Subimos y bajamos a un montónde pisos diferentes, al 69, al 34, al 9... nada, todo habitaciones. No había manera de ver unas **** vistas de Detroit. No lo sabíamos entonces, pero este sería sólo el primer Epic Fail de la mañana.
Y sin embargo, gracias a que no llegamos a subir y pasar tiempo allí arriba, ¡tenemos una anécdota que contar!
Bajábamos del piso 40, y en el 28 se para el ascensor y se abren las puertas. Entra una chica vestida con un vestido tradicional croata y un violonchelo. Lucía y yo nos miramos pero no decimos nada. Yo me empecé a reir y, aunque intenté aguantarme la risa, algún resoplido se me escapó. La chica lo debió oír, porque nos dijo, "I don't always dress this way". Luego se bajó una planta más abajo.
Y Lucía y yo nos reímos. Después se montaron una pareja de viejitos. Él iba vestido con una indumentaria un tanto extraña, supongo que croata también. Esta vez conseguí aguantar bien la risa, aunque me costó. Pero la gota que colmó el vaso fue cuando una familia de pijos enchaquetados se montó al autobús. Imaginaos la situación: los dos viejos disfrazados de croatas, los pijos de chaquetas y vestidos caros y Lucía y yo con unas pintas de gente que no se puede pagar una habitación en ese hotel que lo flipas. No conseguí aguantar la risa, pero como los pijos eran así de educados, no dijeron nada.
Cuando se bajó todo el mundo, me seguí riendo a carcajada limpia.
Y después vino el segundo Epic Fail del día: el Starbucks cerraba a las dos de la tarde, y cuando llegamos allí para tomar algo, eran las dos y tres minutos. Total, que no nos atendieron. Qué mala suerte la nuestra, oye.
Como no teníamos nada más que hacer, fuimos a la planta baja de la torre, donde tenían muchos coches en exposición, y nos hicimos unas fotos con unos :)
Y así, sin mucho más que hacer en el interior de la Torre, salimos al paseo marítimo, desde el cual se ve Windsor (Canadá), y que está bastante cuidado, a diferencia de lo que ocurre con el resto de la ciudad. Fue un paseo agradable:
Y luego nos fuimos del complejo financiero. Y hablando del complejo financiero, os hablaré de la teoría que Lucía y yo hemos desarrollado acerca de la torre de General Motors.
***Teoría de la Colmena***
Como sabemos, Detroit se trata de una ciudad en la que conviven dos realidades totalmente opuestas, la más absoluta miseria de los mendigos que malviven bajo los rascacielos abandonados, y la riqueza de los empresarios que hacen negocios en la zona financiera de la ciudad.
Ya habéis visto el Renaissance Center, el complejo de torres que forman parte del Centro Mundial de General Motors. Habéis comprobado que cuenta con un hotel, restaurantes, además tiene un gimnasio, hay bancos, tiendas... ¡Y un paseo marítimo desde el que sólo se puede acceder desde la torre! Es decir, este centro financiero se trata de una miniciudad. Todo aquel que venga a hacer negocios no tiene por qué salir de la Torre de GM.
De esta forma, se evita el poco deseable contacto con el mundo exterior, o más en concreto, con el inframundo de la ciudad, el mundo de los mendigos y de los edificios en ruinas. El del mercado negro y del desempleo total. En el caso de que un empresario, por las razones que fuera, necesitara salir del complejo central de torres, puede hacerlo a través de los múltiples túneles que conectan los rascacielos sin necesidad de salir a la calle y "ensuciarse" por el contacto con gente considerada inferior (también se puede utilizar el DPM, cuyas paradas se encuentran dentro de los edificios de tal forma que no sea necesario el contacto con el mundo exterior):
Toda esta compleja red de edificios interconectados entre sí se denomina
La Colmena. Es una especie de mundo elitista en el que sólo tienen cabida los políticos y empresarios encargados de gestionar esta ciudad desde arriba, sin tener en cuenta el verdadero y lamentable estado de la ciudad.
El hecho de que utilicen unas pasarelas tan "futurísticas" para evitar el crimen de la calle ayuda a explicar por qué las calles de Detroit están siempre vacías (exceptuando cuando tienen lugar las esporádicas marchas militares).