viernes 13 de noviembre de 2009

Llegamos a Montréal Por Fin

Es muy tarde ya. Pero por fin conseguimos llegar a Montréal y dar un paseo por esta agradable ciudad.

La llegada a Montréal fue muy curiosa. La carretera principal que cruza la ciudad de este a oeste (y de oeste a este también, porque se trata de una carretera de doble sentido), la Autoroute 40, estaba llenísima de coches, y nos abrumó el atascazo que había. Como no sabíamos muy bien por dónde ir (no teníamos las direcciones para ir a la casa de Sarah desde la carretera), salimos del follón y nos metimos en un polígono industrial medio abandonado (abandonado porque no había nadie en las calles y era oscuro, no abandonado en el sentido "abandonado Detroit").

Miramos el mapa, consultamos Google Maps y nuestra vida se solucionó. Mi móvil me explicó detalladamente cómo llegar a la casa de Sarah, y nos quedamos todos tranquilos. Y fuimos.

Aunque el teléfono nos recomendaba ir por la autopista para evitarnos todos los semáforos de la calle que era paralela a la autopista, no nos dimos cuenta y no llegamos a entrar en la autopista 40. Y este accidental pero fortuito acontecimiento hizo que adelantáramos a todos los conductores que esaban agobiados en su atasco. No sabéis lo bien que me sentí. De verdad.

Y llegamos a casa de Sarah. La calle estaba bordeada por casitas de dos plantas (más el sótano), cada planta siendo una vivienda diferente. Por eso, cuando llegamos a la casa de Sarah y llamamos a la puerta de la planta baja, nos atendió una señora mayor. Esta fue la conversación:


Yo: On cherche Sarah...

[Silencio]

Yo: Mais vous n'êtes pas Sarah?

[Silencio]

Señora Mayor: Non.

Yo: On est désolé.


Y nos dimos la vuelta y nos fuimos. Yo tenía la cara un poco roja, pero como estaba oscuro nadie se dio cuenta (¡Ja!). Luego se nos ocurrió subir las escaleras que subían a la segunda planta. Esta vez sí que nos abrió la puerta Sarah. O Alvin. No me acuerdo, porque los dos estaban en casa, pero el caso es que por fin estuvimos todos juntitos y felices.

Tras un rato en su casa decidiendo qué hacer (¡ya era de noche!), salimos a la calle. Al metro. Y vamos a La Banquise. La Banquise es un restaurante muy popular, abierto 24 horas al día por lo visto, y cuya especialidad son las poutines. De hecho, se puede acceder a su menú de poutines aquí.

¿Y qué es una poutine? Una pista:







Os dejo con una definición de Wikpedia (de la entrada correspondiente):

La poutine (IPA:[pʊʦɪn]) es un plato de la cocina de Quebec, elaborado con patatas fritas, queso fresco (normalmente Cheddar muy poco curado) y salsa de carne (también llamada gravy). A las patatas fritas recién hechas se les echa queso cuajado (es indispensable que esté bien fresco) y se recubre la mezcla con salsa de carne, que debe fundir el queso y ablandar las patatas.

Estaba muy, muy rica, y bastante barato. Sólo costaba como siete dólares, y me puse como un cerdo, pero estaba delicioso.

Después de esta cena, Sarah nos llevó a L'Escalier. Es un local "alternativo" muy interesante. Abre hasta las tantas de la madrugada (no siempre cierra a la misma hora), porque al ser oficialmente una casa y no un bar, no tiene el permiso correspondiente de bar. Esto es bueno porque los bares tienen como obligación cerrar a eso de las dos o tres de la madrugada. Este local cierra cuando le apetece. Como no es un bar...

Eeste sitio ofrece música en directo de diferentes tipos, según el día. Puede ser música africana, jazz, algo más dinámico, o no. Y la gente está ahí, hablando tranquila. Y así que en este sitio estuvimos hasta las doce, que nos fuimos para coger el último metro. Y para conducir mañana.

¡Kingston!

¡Y seguimos con actualizaciones de este fin de semana!

Conduciendo y conduciendo por la Highway 401, llegamos por fin a Kingston (Ontario), y salimos por la salida (valga la redundancia) correspondiente. Sin embargo, la calle por la que después debíamos seguir estaba bloqueada por una infranqueable barrera de hormigón, así que tuvimos que pasar de ella y seguir adelante. Y lo inevitable ocurrió: nos perdimos.

Estaba claro que nos encontrábamos en una especie de polígono industrial/zona comercial de los suburbios de la ciudad, pero no sabíamos en qué dirección estaba el centro. Esta confusión dio lugar a que 1. Nos metiéramos en diferentes estacionamientos de diferentes tiendas para votar en qué dirección seguir (nosotros somos demasiado machotes para preguntar a los locales) y 2. Que en una ocasión fuéramos en dirección contraria por la carretera durante tres segundos. Somos gente con mucha suerte. Seguimos vivos.

Aunque finalmente conseguimos entrar sanos y salvos en el pueblo (porque digan lo que digan, para mí una localidad de 114.000 habitantes siempre será un pueblo) gracias a que seguimos a un autobus de Megabus que pasaba por allí y que se dirigía al centro, y pudimos aparcar en un sitio que solamente nos costaba 50 céntimos de dólar canadiense la media hora. ¡Y salimos a dar una vuelta!

Fuimos al puerto (muy bonito, por cierto - de hecho este pueblo es famoso por el Tour de las Mil Islas que se hace en el río San Lorenzo):











Y luego nos llamó Jennifer. Jennifer es una chica que va a clase con Ana y conmigo, y cuyio novio vive en Kingston. Por esa razóm, se encontraba en Kingston y se ofreció para enseñarnos un poco la ciudad, algo a lo que accedimos en seguida.

Habíamos quedado con ella en Princess Street, la calle principal de Kingston (Ontario) y en la cual te puedes encontrar muchísimas tiendas de artículos de segunda mano, librerías y cafeterías. Tan importante es, que hasta tiene una entrada en la Wikipedia. Así que allí nos encontramos a Jennifer, que decidió que nos llevaría, antes de nada, al Sleepless Goat:


http://farm1.static.flickr.com/60/158035067_f7cd9a0c6b_b.jpg








Se trata de un local "alternativo". Todo lo que ofrecen lo han hecho artesanalmente (en el sentido de que no compran nada prefabricado ni nada de eso) y tratan además de fomentar el comercio justo. En este sitio te puedes encontrar mendigos comiento debido a que en el local les dan sopa y pan para comer gratis, lo cual no me parece mal. Aquí comimos, y comimos muy bien. Yo tomé perogis y quesadilla de alubias negras. Muy rico todo.

Es curioso mencionar que en la entrada del local hay una señora mayor con un solo diente que te pide suelto. Llevaba años allí cuando Jennifer vino a esta ciudad hace siete años. Y sigue ahí.

Una vez saciada nuestra hambre, Jennifer nos llevó a visitar la Universidad (la Queens University, donde ella estudió ciencias políticas y que es bastante prestigiosa por lo visto). Para ello tuvimos que recorrer unos caminos bordeados por casas muy al estilo canadiense:

















Mola el palacete, ¿eh? Y finalmente llegamos a la universidad:














Tras pasar unas tres horas en el pueblo, nos despedimos de Jennifer y fuimos al coche. Aún nos quedaban unas tres horas (que obviamente se alargaron) para llegar a Montréal.

Salida de Toronto

No sé qué hora es (¡se siente!). Pero sé que hoy he estado en un pueblo muy, muy chulo, que se llama Kingston (Kingston, Ontario y no Kingston, Jamaica ni ninguno de los tropocientos mil Kingstons que hay en el resto del mundo).

Al final salimos de casa a las 9.30 de la mañana. A las 8.30 recogimos el coche (era demasiado pedir que fuéramos puntuales tan temprano), y tras intentar, durante cinco minutos de reloj, arrancar el coche automático con la palanca en el punto muerto y en medio de la carretera aguantando los bocinazos de los coches que querían pasar, conseguimos arrancar el coche.

El error venía dado porque no sabíamos interpretar la palanca de cambios:


http://osornino1.files.wordpress.com/2009/05/automatica5.jpg


La R roja estaba claro que era la posición para ir marcha atrás, más que nada porque nos lo sabíamos de la vez anterior. Sin embargo, nos pusimos cabezotas, y pensando que la N verde era una N de "normal", dejamos la palanca en esa posición. Y no había Dios que arrancara el coche. Y es que por mucho que pises el acelerador, si está la palanca en la posición de Neutro, no se va a mover. Al final conseguimos arrancar probando la palanca en la posición D. Y es que es una D de Drive. Semos listos.

[Dejo un enlace a un post que te explica detalladamente cómo funciona un coche automático, por si alguna vez os veis en la situación.]

Una vez salimos del garaje del lugar de alquiler de coches, no había más que girar a la izquierda en una calle para ir a casa. ¿Qué pasa? Que en Toronto está prohibido girar a la izquierda en las calles de doble sentido de 7.30 de la mañana hasta las 9.00 de la noche (y sin embargo está permitido girar a la derecha y cruzar el paso de cebra aunque el semáforo esté en rojo). Así que seguimos adelante sin encontrar calles de sentido único hasta que se nos ocurre girar a la derecha. Giramos a la derecha en una calle y a la derecha en otra más adelante, lo que equivalía a girar a la izquierda al principio.

Y así es como llegamos al patio trasero de la resi, donde dejamos el coche. Nos llamaron la atención dos bultos donde los contenedores de basura. Nos acercamos y ¡resultan ser dos de nuestros colchones que habíamos dejado en el pasillo antes de salir de casa! ¡Manda huevos! Menos mal que decidimos aparcar ahí y no en la entrada principal del edificio, ¡nos habríamos quedado sin colchones!

Y es que habíamos dejado dos colchones en el pasillo para recogerlos luego, y los de mantenimiento debieron de pensar que se trataba de basura. Al vernos bajar el tercer colchón, que afortunadamente no habíamos dejado en el pasillo sino en el cuarto de Ana, se dieron cuenta de su error y nos pidieron perdón. Eso sí, se echaron unas buenas risas al darse cuenta (y nosotros también, oye, que sentido del humor no nos falta).

Y así, después de dejar todos los bultos adecuadamente colocados en el maletero con un estilo que cualquier profesional del tetris envidiaría, nos dispusimos a partir a Kingston.


jueves 12 de noviembre de 2009

Preparándonos para el Viaje a Montréal

Son las 23.21. Mañana por la mañana nos vamos por fin a Montréal. Esta mañana he ido con Ana a Thrifty a reservar el coche para el viaje. La verdad es que no ha llevado demasiado tiempo. Como el encargado ya nos conocía (nos lo demostró con un "Oh, I know you people, you have already come here before, haven't you?"), nos apuntó los datos en cinco minutos y nos ha dicho que estemos allí mañana a las 8.15 de la mañana.

Aunque el señor es un vago y no le gusta madrugar (lo comprobamos la última vez cuando le pedimos un coche a las nueve y nos pidió que fuéramos a las diez), hemos conseguido el coche para esa hora porque antes se lo habíamos pedido para las siete de la mañana. Para chulos, nosotros. Y luego seguro que llegaremos tarde.

En cuanto a esta semana, la verdad es que he andado bastante liadillo. He tenido bastantes trabajos que entregar (y esto incluye una traducción de un texto económico que me ha sido imposible entender bien) y un examen hoy: una traducción en clase sin ordenador. No ha sido muy difícil, trataba del High Park y de los barrios que lo rodean, como el Bloor West Village. La verdad es que me han entrado ganas de ir a esa zona, así que espero poder ir cuando tenga un poco de tiempo para explorar Toronto debidamente.

Y os dejo que mañana toca madrugar (qué pereza...).

martes 10 de noviembre de 2009

Cena con las Españolas

Es la 01.31.

Me he pasado la tarde preparando unas patatas al horno con salsa de tomate y bechamel, bastante más ricas al final que las que hice la otra vez. No hce fotos esta vez porque estaba concentrado en hacer la comida antes de que llegaran Itzi y Ana a casa, ya que las habíamos invitado a cenar.

Pero aun así, dejo la receta por si a alguien le interesa hacerlo (no creo, pero oye, así relleno una entrada de blog):

Salsa de Tomate

1 kg de tomates sin las pepitas
Aceite
100 gr de cebolla

Se corta los tomates en trocitos pequeños, y lo mismo haces con la cebolla. Se fríe la cebolla sobre el aceite y justo antes de que se tuesten se echa el tomate. Luego con una espumadera se va aplastando todo y removiendo. Así otros quince minutos o hasta que te canses.

Sal
Azúcar

Se añade una cucharadita de azúcar y lo que quieras de sal, una vez que has sacado del fuego la salsa de tomate. Se echa sobre la salsa y se remueve. Teóricamente este paso se lleva a cabo después de pasar la salsa por el pasapurés, pero como no tengo, pues mi salsa quedó con grumos, pero estaba rica igual...


Patatas al Horno

2 kg de patatas
Salsa de tomate
Aceite
Queso gruyère
Besamel

Se hace la salsa de tomate (Cfr. arriba) y la besamel (Cfr. Aquí), y luego, en vez de cocer las patatas, se fríen después de cortarlas en rodajas. Una vez fritas, se colocan en la fuente de cristal que se va a meter en el horno. Se cubren de una capa de salsa de tomate espesa y luego se pone otra capa de patatas. Después va la besamel. Y encima de todo eso, todos los kilos de queso gruyère rallado que te puedas permitir.

¡Y al horno! Y queda riquísimo. Se me cayó una lagrimita cuando Ana e Itzi me felicitaron por las patatas. Lucía también me felicitó, pero eso no me emocionó tanto. xD

En la cena estuvimos hablando bastante tiempo de muchas cosas, y la verdad es que es divertido hablar con ellas, tenemos que hacer cenas de estas más a menudo.

lunes 9 de noviembre de 2009

¡Toronto Por Fin!

Es la una de la noche. Acabamos de llegar a Toronto porque el autobús que habíamos cogido para venir aquí se rompió a mitad de camino y estuvimos como una hora y media parados en medio de la nada preguntándonos si algún día llegaría el autobús suplente.

Nos han dicho que si llamamos a la compañía de autobuses nos darían un billete gratis a cada uno, así que supongo que tendremos que llamar, ¿no?

domingo 8 de noviembre de 2009

EPIC FAIL

Son las 14.56 y el viaje en bus está siendo bastante aburrido. El Epic Fail de hoy ha sido brutal, hemos intentado ir al Henry Ford Museum, que está en un suburbio de Detroit, en transporte público.

El museo cuenta con lo que fue la colección personal de objetos raros de Henry Ford, que incluye artilugios tan dispares como la silla en la que estaba sentado Abraham Licoln cuando le dispararon, o el supuesto último suspiro de Thomas Edison cuardado en un frasco de cristal. Esto fue suficiente para despertar nuestra curiosidad y aventurarnos a meternos en un suburbio de Detroit a pocas horas de que nuestro autobús se fuera a Toronto.

¿Nuestro error? Ir al suburbio en transporte público. El autobús pasa por la parada cada media hora, y una vez dentro no anuncia las paradas que hace, con lo cual tienes que ir MUY atento e ir mirando las calles. Teníamos que bajarnos en Oakwood St. Nos bajamos en Oakman St. Oakman está a unos seis kilómetros de Oakwood.

No teníamos manera de saber dónde estábamos, así que caminamos par adelante unos dos kilómetros y nos cansamos. En esta caminata llegamos a pasar por una tienda de cómics de suburbio cuyo dueño era un friki lánguido, no como los gordos de coleta que te sueles imaginar en este tipo de tiendas. Era una tienda enorme y tenía incluso una sección de cómics raros para coleccionistas. Miré con curiosidad los cómics pero decidí que comprar en Amazon me salía más rentable y al final no compré nada.





Lucía se compró unos cómics de liquidación (cinco por un dólar) y luego nos fuimos a seguir caminando. Estábamos cansados y preocupados porque no sabíamos si íbamos en la dirección correcta (ahora sabemos que sí, pero que faltaban tres-coma-cinco kilómetros), no sabíamos dónde coger un autobús que nos llevara de vuelta a la ciudad y hacía un calor asfixiante (curioso que justo hiciera calor el día que nos perdemos en un suburbio, cuando los días anteriores había hecho falta bufanda y guantes).

Buscamos desesperadamente un autobús que nos llevara de vuelta a Detroit para no perder el autobús de vuelta a Toronto. Encontramos una parada de autobús que no señalaba qué bus paraba ahí (nosotros rezando por coger cualquiera que fuera al Downtown).

Estábamos en medio de la nada con gente que nos miraba con cara de: "¿Cómo es que unos blanquitos ocmo estos se meten en el transporte público?". Lo único que se nos ocurrió fue sentarnos en el suelo a comer el yogur y los bollos que había cogido como provisiones en el desayuno del hotel antes de irnos. Claro, así nos miraron con una curiosidad incluso mayor, pero a mí me daba igual.

Estábamos rodeados de carretera por delante, y por detrás un supermercado de suburbio:





Finalmente, tras un buen rato esperando llegó un autobús y nos despedimos de los suburbios de Detroit (¡uff!)

Al llegar a Detroit teníamos mucho tiempo todavía, así que dimos una vuelta en el DPM para hacer fotos de la ciudad antes de irnos a Toronto, así que termino esta entrada con una tanda de fotos.

A. Fotos que hicimos ayer del centro de Detroit abandonado:























B. Fotos que hicimos hoy: